El Benfica protagonizó uno de los momentos más dramáticos de su campaña en la Liga de Campeones cuando un gol tardío de Anatoliy Trubin selló una victoria por 4-2 sobre el Real Madrid.
El partido parecía encaminarse hacia un tenso final antes de que un extraordinario último momento diera un giro a la noche y dejara al Madrid sin posibilidad de recuperarse.
El Benfica ya iba por delante al llegar el tiempo añadido, pero la situación aún exigía una última acción decisiva, y llegó de la forma más inesperada, cuando Trubin sentenció el partido.
José Mourinho explica el razonamiento detrás de esto
José Mourinho habló después del partido y abordó el momento que definió la contienda, ofreciendo una perspectiva de por qué la apuesta de último momento no fue una sorpresa para él.
Para mí todo es un déjà vu, pero esta es la primera vez. Sabíamos que podía hacerlo. Estábamos perdiendo en Oporto hace un par de semanas y subió al campo y casi marca, así que sabemos que el pívot es capaz de esto», dijo.
Los comentarios reflejaron una sensación de familiaridad más que de sorpresa, y Mourinho señaló experiencias previas que indicaban su confianza en la decisión.
En lugar de considerar la situación como imprudente, la presentó como un riesgo calculado y determinado por momentos anteriores en los que decisiones similares casi habían dado resultado.
Un final que transformó la noche
Cuando el partido entraba en sus últimos segundos, el Real Madrid ya operaba con desventaja numérica, lo que abrió la puerta al Benfica para aplicar una última ola de presión.
Los locales apostaron cuerpos hacia adelante para un pase tardío y el portero decidió abandonar su área y sumarse al ataque.
La jugada resultó decisiva, ya que el balón llegó a un área repleta de gente, donde pudo conectar limpiamente y dirigir un cabezazo que superó a Thibaut Courtois.
El golpe llegó prácticamente sin tiempo restante, dando por terminada de inmediato la contienda y eliminando cualquier posibilidad de respuesta.
Lo que siguió fue un cambio instantáneo de enfoque, con el gol final eclipsando todo lo demás que había sucedido anteriormente en el partido.
Al sonar el pitido final, la narrativa se había reescrito, con la intervención del portero como la imagen definitoria de la noche y un momento que aseguró que el Benfica cerrara el partido en sus propios términos.